La Isla

Isla de Pascua, llamada así por el holandés Roggeveen, quien la avistó el Domingo de Resurrección de 1722, se ubica en medio del Pacífico, sobre el vértice oriental de la Polinesia, cuyos otros extremos alcanzan Hawaii y Nueva Zelanda.

Tiene una población de 4 mil habitantes, concentrados principalmente en Hanga Roa, el único poblado. La isla habitada más cercana es Pitcairn, a casi 2.000 km de distancia. Se encuentra a 4.100 km de Tahiti y a 3.700 km de la costa sudamericana.

Tiene un aspecto triangular, resultado de la erupción de tres centros volcánicos principales y otros conos menores. Estos, junto con el proceso natural de erosión marina, configuraron su actual forma de aproximadamente 173 km2 de superficie. A pesar de su origen marcado por el fuego, la Isla posee un relieve de suaves lomajes, con dos hermosas playas en su costa norte, Anakena y Ovahe, de bellas arenas de origen coralino y volcánico.

A partir de la arqueología y la tradición oral, se sabe que fue poblada por emigrantes polinesios, a mediados del primer milenio d.C. Ellos desarrollan aquí una notable cultura megalítica, la que alcanzó su máximo esplendor durante la construcción de los centros ceremoniales, donde se erigieron grandes estatuas llamadas moais, en honor a los antepasados. Se estima que este periodo abarcó desde el 800 d. C. hasta el año 1680, aproximadamente.

Su economía se sustentó en la agricultura y la pesca, y su organización se basó en un sistema de linajes y jefes de tribus. A su vez, existió un jefe de toda la isla o Ariki Mau, al que se le asignaban poderosas cualidades. Sin embargo, una etapa de conflicto entre los distintos linajes trajo como consecuencia guerras internas, comenzando a ser derribados los moais y cobrando fuerza el culto al Tangata Manu u hombre-pájaro.

Los sobrevivientes de ese periodo se verían finalmente amenazados por balleneros, incursiones de barcos esclavistas, aventureros y epidemias, durante el siglo XIX.

Sus silenciosas ruinas, gigantescas estatuas de piedra y el extremo aislamiento, contribuyeron a crear un aire de misterio en torno a Rapa Nui, como se le comenzó también a conocer, nombre que hoy ha sido adoptado por el pueblo y el idioma local.

En 1888 Chile la incorpora a su territorio y comienza una nueva etapa para los últimos habitantes, los que llegaron a contarse en poco más de un centenar. A partir de esos sobrevivientes, logra salvarse parte de su historia, la lengua y sus tradiciones, las que hoy son cultivadas con gran pasión y orgullo.

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